- Para el diseñador, en el primer caso se debe tener en cuenta la situación de la nueva empresa y el contexto comercial en el que le toca moverse.
- Los ejecutivos deben preguntarse que quieren lograr a corto, mediano y largo plazo y si esos logros son posibles y en que tiempos.
- Establecer un diferencial frente a la competencia, extraer aquello que los hará superiores y posicionarlo de manera destacada en toda pieza comunicacional.
Es fundamental mantener siempre presente, más allá del contexto, el factor aspiracional de la empresa, es decir, el imaginario supremo, la meta a alcanzar para luego convertirla en el eje de todas las acciones.
Este objetivo primario debe, en palabras del diseñador, “ser contagiado” al personal y convertido en regla de acción para que la naciente promesa de marca encuentre cabida en el desenvolvimiento de sus representados.
Por otro lado se debe mantener la constancia en el uso del sistema visual generado. De este modo, si el proceso de creación siguió un método lógico y las piezas logran reflejar los valores definidos, la reiteración sistemática y racional de las piezas de comunicación terminará por crear conciencia de la nueva imagen tanto interna como externamente y ello se transformará, sin duda alguna, en un referente de calidad y preferencia.
Adrián Pierini.
www.pierinipartners.com
Créditos Foto: Tojosan

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